4.13.2011

Coches.

Los fabricantes de coches andan desorientados.

A pesar del continuo encarecimiento de los combustibles fósiles, de las cada vez más estrictas limitaciones de velocidad, del colapso de autopistas y carreteras y de las medidas disuasorias para el uso del coche particular en el centro de las ciudades, a pesar de todo ello la industria del automóvil, aparentemente ajena a la dirección del viento, sigue proponiendo vehículos que nacen anticuados por su propio concepto.

Los anuncios que se publican en prensa, los reportajes patrocinados en los medios audiovisuales y en general cuanta información se facilita al respecto ponen en evidencia la errática trayectoria de los fabricantes.

Hace un par de meses el potente grupo francés PSA –Peugeot y Citroën- anunciaba un coche de gama media –entre veinte mil y treinta mil euros- a golpe de página entera en los principales periódicos nacionales. El segundo párrafo de la publicidad hacía referencia a un aparato ambientador con varios olores disponibles, por lo visto más relevante para el departamento comercial y los publicistas que la potencia, el consumo, el tipo de combustible. La emisión de gases o las opciones de transmisión del vehículo. Fascinante.

Los intentos de vehículos híbridos son escasos y poco convincentes y el coche eléctrico, atado corto por el escollo aún no resuelto de la escasa capacidad de los acumuladores y la exagerada duración –no menos de cuatro horas- de la operación de recarga, sigue siendo una rareza testimonial. Los otros sistemas alternativos están aún en pañales.

Para salir del marasmo en el que se encuentra, la industria debe remover cimientos y dogmas y plantearse opciones que faciliten el acceso al vehículo y potencien alternativas.

Pienso por ejemplo en opciones de alquiler de vehículos eléctricos cuyos sistemas de acumulación se dispongan de forma que permita el rápido cambio de batería en estaciones de servicio. Fórmulas que propicien el uso a tiempo parcial y generen la cultura de usar determinados bienes sin que seamos sus propietarios.

En un mundo informatizado debería ser fácil usar el vehículo sin más trámite que introducir una tarjeta en la ranura correspondiente. El propietario –empresa filial del fabricante- sabría en todo momento donde se encuentra el vehículo –GPS- y quien lo conduce. Cuando la tarjeta en cuestión no está actualizada en cuanto a la contrapartida económica no se puede acceder al coche. Si esos vehículos tuviesen además un aspecto que los diferenciase de los demás y no pudiesen ser adquiridos –comprados- por otras empresas o particulares se limitarían en gran medida las posibilidades de robo o de uso fraudulento.

Diseñar e implementar medidas efectivas que nos permitan eludir la sumisión petrolera o al menos disminuir su impacto es tarea de todos, pero lo es especialmente de la potente industria automovilística. Hay que arrumbar las ideas preconcebidas, cambiar esquemas, inventar nuevas formas de negocio y hacer propuestas eficientes, valientes e ilusionantes.

Las reliquias al museo.


Pierre Roca


3.19.2011

Oriol.

L'Oriol Regàs és mort. Ens va deixar abans d'ahir, dijous dia 17 de març d'aquest any 2011.

L'Oriol ha estat un dels homes que més m'han impressionat pel que fa a la seva actitud, la generositat, l'empatia, la tendresa, la comprensió, l'intel.ligència innata i l'humanitat, terme que inclou els trets de caràcter que he escrit i totes les característiques, matisos, qualitats i defectes dels homes i de les dones. Per a mi l'Oriol ha estat sempre un ésser d'excepcional qualitat humana.

De petit, de vacances a Barcelona, el meu pare i jo vam coincidir al port amb l'arribada del "Junco Rubia", una expedició organitzada per l'Oriol Regàs i uns quants adelantats més.

Al cap d'uns anys, poc temps després de la meva arribada i instal.lació definitiva a la ciutat, vaig entrar per primer cop a Bocaccio -la discoteca emblemàtica que va crear l'Oriol- en un moment en el que vivíem amb intensitat canvis polítics i culturals més pressentits que previstos. Va ser una revelació. Bocaccio era en aquells moments un enclavament de l'Europa més moderna al carrer Muntaner. No calia ser algú especialment informat per detectar l'energia que s'hi vivia i s'hi compartia cada nit. Un aiguabarreig d'intel.lectuals, artistes, empresaris, rics, oportunistes, aventurers, guapes i guapos de tota mena s'hi movia com els peixos a la peixera. Un "vase clos", una illa, una visió del que seria Barcelona uns anys més tard.

Anys més tard vaig conèixer l'Oriol, que per a mi ja era un personatge mític. Posteriorment es va convertir en client meu. El millor client possible que dipositava la confiança en els coneixements, les idees i els punts de vista del proveïdor.

Un client exigent, també. Exigent i molt crític quan la feina feta no corresponia a l'encàrrec.

Vaig conèixer les seves germanes Georgina i Rosa, el seu germà Xavier, la seva filla Mònica, la majoria dels seus col.laboradors i molts dels seus negocis, tots marcats per la seva impronta i la voluntat de crear empreses on la qualitat fós el pal de paller del negoci.

En el camp de l'hostalatge, Bocaccio i Up & Down, digníssim successor del primer, van crear escola pel que fa a l'alt nivell del servei, de l'acollida i del que s'hi servia. Van ser empreses capdevanteres que van generar tendència i es van convertir en referències mítiques del sector. Es poden comptar per dotzenes els intents d'imitar la forma de fer, els coneixements, l'estil i el tarannà que era marca de la casa i llavor de l'èxit i de la repercussió.

Durant el franquisme i la transició l'Oriol va ajudar partits, intel.lectuals, artistes i no poques iniciatives culturals, empresarials i socials de tota mena, deixant sempre la seva participació a l'ombra, lluny de les primeres pàgines.

Amb la desaparició de l'Oriol desapareix un exemple d'estil, d'honestedat, de modernitat militant, de respecte i de vida.

Un exemple de la millor qualitat humana.

Bon viatge, Oriol.


Pierre Roca

3.15.2011

Palo Alto (1)


Fundé Palo Alto en 1987 con la idea de alojar allí “Roca & Associats”, a la sazón mi empresa de infraestructuras para espectáculos, y de compartir el espacio con gente afín –profesionales de la creación- que necesitara de espacios grandes para su actividad y que se entusiasmara con el proyecto.

Tres años después traspasé locales y marca a Javier Mariscal, que en aquel entonces era mi inquilino más destacado y que preside hoy la “Fundació Palo Alto”, gestora de la hectárea larga de espacios abiertos, de naves y de plantas industriales del conjunto fabril que unas décadas antes había alojado distintas actividades del sector textil.

Ahora mismo, a veinticuatro años vista, Palo Alto sigue gozando de excelente salud y sigue alimentando el entusiasmo personal y colectivo de los distintos profesionales y empresas que desarrollan su actividad creativa en el recinto. Si les pica la curiosidad pueden echarle una ojeada a la página web “Palo Alto-Barcelona”.

La atinada gestión del actual equipo, encabezado por el diseñador citado más arriba, ha cuidado el recinto respetando sus rasgos originales, su idiosincrasia y su aire de fábrica de principios del siglo veinte. Además de los espacios profesionales de distintas superficies hay zonas ajardinadas, amplios aparcamientos, un huerto, una cantina y una nave dedicada a eventos puntuales.

En el inicio concurrieron distintas circunstancias propicias. El entusiasmo ya relatado del grupo de profesionales a los que me dirigí, el respaldo municipal encabezado por Pascual Maragall, entonces alcalde de la ciudad, y una adecuada gestión de la comunicación que incluyó infinidad de medios de los cinco continentes.

La iniciativa se convirtió de ese modo en realidad y en exponente tangible de una modernidad que combinaba la actividad empresarial de los inquilinos con la sinergia, interna y externa, de la que es buen ejemplo la dinamización de la zona adyacente primero y del barrio entero más tarde, felizmente contaminado por los nuevos modos y las nuevas formas de hacer negocios que allí se evidenciaron y se siguen desarrollando.

El respaldo institucional, municipal en este caso, se substanció con alguna que otra facilidad y con la mirada benevolente de las autoridades, que a cambio usaban el recinto cómo exponente de lo que se cocía en la Barcelona preolímpica de aquellos años. El alcalde Maragall o alguno de sus representantes visitaban con frecuencia Palo Alto con autoridades de los países con los que se entraba en contacto en la fase preparatoria de los JJ.OO del 92.

Los periódicos relataban el prodigio, las televisiones de medio mundo grababan reportajes y documentales y así, con el trabajo diario de los profesionales instalados en el recinto y las constantes reseñas y menciones informativas, se iba consolidando el proyecto y lo que yo mismo llamo “el espíritu de Palo Alto”, que no es más que la sabia dosificación de la amistad y del respeto profesional, de la originalidad de cada uno y el sentimiento de pertenecer a un colectivo con el que se comparten coincidencias, privilegios y un elevado nivel de exigencia.

Saco todo esto a colación en los complicados momentos por los que pasa la economía del país y a la vista de la incapacidad de impulsar proyectos sin invertir en ellos millones de euros que casi nunca revertirán en la sociedad. Parálisis de los responsables, pereza mental y por supuesto una acusada falta de praxis a la hora de conciliar de forma racional los intereses públicos con los de carácter particular, deslindando la iniciativa privada del soporte institucional y rehuyendo el intervencionismo.

En la siguiente entrega me extenderé acerca de todo ello y de las posibilidades actuales de implementar otros centros similares sin recurrir al erario público.


Pierre Roca