9.15.2009

Derechos.

El actual sistema de recaudación de los derechos de autor es obsoleto, complicado, excesivamente complejo e ineficaz. La irrupción de la galaxia virtual en el panorama de los contenidos ha supuesto un golpe letal para la mecánica del cobro de derechos y su posterior reparto a los autores, intérpretes, arreglistas y otros derechohabientes.

A pesar de los intentos, de las maniobras y de los inventos para volver a la situación anterior la cruda realidad se impone, traduciéndose en la imparable cantidad de descargas, de copias piratas y de procedimientos al alcance del público que permiten hacerse con en contenido en cualquier fuente y repartir la buena nueva –léase la obra- hasta la saciedad y sin pasar por caja.

A estas alturas es evidente que la guerra está perdida y que más que empecinarse, las sociedades de autores y los mismos autores deben buscar de forma urgente otras formas de retribución de su trabajo.

Desde hace pocos años los conciertos –el directo- han sido la alternativa, ante la drástica caída de la venta convencional de discos. El meollo de la cuestión se ha ido dejando de lado, cediendo posiblemente a la presión, en España, de la todopoderosa SGAE –Sociedad General de Autores de España-, que intenta perpetuar sus poderes omnímodos y su santa alianza con la Administración.

Desde mi punto de vista la retribución de las obras debería afrontarse según el viejo y bien engrasado procedimiento de la oferta y la demanda.

Si determinado autor llena palacios de deportes, campos de fútbol, programas de televisión y sintonías radiofónicas, quien desee representar su actividad deberá pagar más dinero por esa exclusiva. El precio de las entradas de los buenos será más caro, el de los menos buenos más barato.

Si se contrata el autor a la baja y su éxito crece como la espuma, él mismo exigirá más dinero para renovar el contrato cuando finalice el anterior.

En cuanto a los discos, un número creciente de autores y de compañías discográficas los convierte en un lote de contenidos de cuidada presentación en el que se incluye la música, distintas versiones de video-clips, textos, ilustraciones, envoltorios lujosos y otros elementos que justifican el valor del objeto y que hacen casi imposible la copia del conjunto en su totalidad.

Al autor le interesa cobrar sea cual sea el procedimiento, pero a la SGAE, por poner un ejemplo, le interesa que no se le acabe un negocio cada vez más alejado del de sus representados.

Parece evidente que ha llegado el momento de inventar, sugerir, proponer e implantar nuevas soluciones, alejadas de los enmohecidos planteamientos que rigen la renqueante sociedad de los autores.

Es tiempo de simplificar, de racionalizar y de dar servicio. Tiempo de realidades, incluso en el campo de la imaginación.


Pierre Roca

1 comentari:

cumClavis ha dit...

En todo caso es tiempo de innovar y situarse en una realidad que abomina de la intermediación y del lucro opaco...